Ése sería el título ideal de una serie norteamericana que emitían por La 2, y que ahora emiten en el canal “Clan” de TDT sin parar alternándose con Smallville.
Si aún no sabes de qué se trata, estoy hablando de “Las Chicas Gilmore”.

Quitaron con Photoshop el humo que salía de sus lenguas. (Por tanto hablar, malpensados).
Versión Gilmore de este post : Me percaté de la existencia de esta serie una tarde mientras merendaba con mi novia, y me di cuenta que ella miraba con atención la tele mientras sonaba un incesante e implacable murmullo chillón de registro agudo. Una de las protagonistas, la de la frente gigantesca, disertaba sobre cualquier cosa (que no recuerdo ahora) estúpida y banal.
Y es que eso es “Las Chicas Gilmore”. Una serie para chicas, donde el silencio no puede existir y donde los personajes entran y salen para relevarse en un discurso sin fin de palabras encadenadas. Sentimientos, ropa, chicos, café, estudios… todo vale con tal de rellenar el tiempo. A veces he hecho el experimento de ver cuánto silencio hay entre una conversación y otra, pero las transiciones entre escenas (amigos, aquí una escena puede ser sinónimo de una conversación o charla) duran de media menos de cinco segundos. Cinco segundos que apenas te permiten tomar una aspirina para el dolor de cabeza.
El ruido de altas frecuencias que emiten las protagonistas nos recuerda los pitidos de protocolos de transmisión de los antiguos faxes y módems y parece ser hipnótico para las féminas de la raza humana, aunque para los varones actúa de repelente o de estimulador del zapping ya que somos incapaces de discernir nada entre tal maremagnum verbal. Y es que desconectar ante una tediosa e implacable retahíla de vocablos se ha convertido finalmente en un mecanismo de supervivencia masculina.
Sea como sea, hay que dar gracias a Dios (o a Satanás) ya que la serie finalizó en 2007 y la guerra psicológica perpetrada por USA hacia el resto de los países con esta serie ha terminado ya.
Para finalizar, no todo va a ser malo: desde aquí quiero expresar mi gran admiración por las actrices y actores que participaron en este esperpento, que tuvieron que aprender y memorizar toneladas de páginas de guiones y que además consiguieron un control de la respiración sin igual para recitar los textos. Guardemos un minuto de silencio en su honor, ya que ellos no pudieron permitirse ese santo placer.
Versión normal de este post: La serie es un mojón. Las tías no se callan NUNCA.


